Toxina botulínica por zonas: qué se puede lograr en cada una

Cuando alguien me pide bótox, la primera pregunta que le hago no es cuántas unidades quiere. Le pido que arrugue la frente, que frunza el ceño y que sonría. Cada rostro se mueve distinto, y esa forma de moverse decide dónde se aplica la toxina botulínica, cuánta se necesita y qué resultado es razonable esperar.

En este artículo recorro las zonas donde más la aplico, de la frente al cuello, con lo que se puede lograr en cada una y lo que no.

Por qué no existe una dosis estándar

La toxina botulínica relaja el músculo en el que se aplica. Como las arrugas de expresión se forman por la contracción repetida de esos músculos, al relajarlos la piel deja de plegarse y la línea se suaviza.

Lo que cambia de una persona a otra es el músculo. Hay frentes que se arrugan más de un lado que del otro, cejas que de base no están a la misma altura y hombres con músculos mucho más fuertes que el promedio. Por eso, antes de aplicar, observo el gesto y palpo cada zona para saber dónde se contrae el músculo y con cuánta fuerza. Esa fuerza es el dato más importante para calcular la dosis.

Existen esquemas de puntos que sirven de guía, y los uso. Pero son eso, una guía: hay pacientes en los que salen menos puntos de los que marca el esquema y otros en los que salen muchos más. La toxina se pone donde hay contracción, no donde dice el dibujo.

También trabajo con una toxina de difusión precisa, que actúa en un radio pequeño alrededor de cada punto. Eso me permite tratar cada músculo por separado y ajustar el efecto, algo que importa sobre todo cerca de las cejas.

Frente: suavizar las líneas sin perder la expresión

Las líneas horizontales de la frente aparecen cuando levantas las cejas. Las produce el músculo frontal, que es, además, el único que sube las cejas.

Ahí está la clave de esta zona. Si se bloquea por completo, las líneas desaparecen, pero las cejas pueden bajar y la mirada se ve pesada. Por eso en la frente trabajo con dosis distintas según la fuerza de cada porción del músculo, y dejo sin bloquear del todo la parte que sostiene el arco de la ceja. El objetivo es quitar la arruga que se marca en la piel y conservar el movimiento.

En la frente se nota muy bien la diferencia entre hombres y mujeres. En la mayoría de los hombres la ceja es recta y el músculo es más fuerte, así que el plan es otro.

Entrecejo: las líneas que dan aspecto de enojo

Las líneas verticales entre las cejas se forman al fruncir el ceño. Las producen varios músculos pequeños que trabajan juntos y que tiran de la cabeza de la ceja hacia abajo y hacia el centro. Con los años, esas líneas dan una expresión de cansancio o de enojo que no corresponde a cómo te sientes.

Aquí el detalle técnico está en que estos músculos se cruzan con la parte baja del músculo frontal. Si las dosis de las dos zonas se suman en el mismo punto, la ceja puede caer. Evitar esa superposición es buena parte del trabajo en el entrecejo.

Cuando trato la frente, casi siempre recomiendo tratar también el entrecejo y el contorno de los ojos en la misma sesión. Los músculos del tercio superior del rostro se equilibran entre sí: si se trata uno solo, los otros compensan y la posición de las cejas no queda armónica.

Patas de gallo: un músculo casi a flor de piel

Las patas de gallo son las líneas que se abren en abanico desde el borde externo del ojo cuando sonríes. Las forma el músculo que rodea el ojo y que se encarga de cerrarlo.

No todas las patas de gallo son iguales. En algunas personas las líneas se quedan cerca del ojo y en otras se extienden hacia la sien o hacia la mejilla. Por eso pido a cada paciente que sonría con fuerza: el número de puntos y la cantidad dependen de hasta dónde llega ese abanico.

En esta zona el plano de aplicación pesa tanto como la dosis. El músculo está inmediatamente debajo de la piel, así que la aplicación es muy superficial. Si se aplica profundo, la toxina puede alcanzar los músculos que elevan la comisura de la boca y afectar la sonrisa. Es un error conocido, y se evita con conocimiento de la anatomía.

Tampoco aplico de forma rutinaria debajo del ojo. Depende del párpado: en quienes se inflaman con facilidad, relajar esa porción puede dar la sensación de bolsas.

Cola de la ceja: elegir la forma del arco

La toxina botulínica no solo suaviza arrugas. Bien aplicada, también cambia la forma de la ceja, y esa es una de las cosas que más explico en consulta.

Al relajar con precisión ciertos puntos cerca de la cola de la ceja, el músculo frontal, que sigue activo, la eleva un poco. Así se logra un arco más marcado, que buscan sobre todo quienes se maquillan para cámara o se fotografían con frecuencia. Si en cambio prefieres un arco discreto, se aplica de otra manera. Y en la mayoría de los hombres se busca lo contrario: una ceja recta, que no se arquee.

Este efecto tiene una condición. Si el músculo frontal no tiene fuerza suficiente para subir la ceja, aplicar solo en la cola da una respuesta pobre. Por eso se evalúa antes y no se promete.

Mucha gente teme aplicar cerca de la cola de la ceja porque cree que la ceja se va a caer. Con buena técnica, no tiene por qué pasar.

Y hay una regla práctica que comparto en cada consulta: es más fácil bajar una ceja que subirla. Si el arco quedó más alto de lo que querías, se corrige con un punto adicional. Si quedó bajo, toca esperar a que pase el efecto. Por eso en la consulta te pregunto cómo te gustan las cejas antes de aplicar.

Baby botox: dosis pequeñas para un efecto sutil

El término baby botox se usa para aplicaciones con dosis bajas, pensadas para suavizar sin bloquear del todo el movimiento. No es un producto distinto: es la misma toxina, aplicada con un objetivo más conservador.

Funciona bien en dos situaciones. Para quienes empiezan a notar sus primeras líneas y quieren evitar que se marquen, y para quienes quieren un resultado que no se note como tratamiento. El precio de esa sutileza es que el efecto suele durar menos que con una dosis completa.

Maseteros: bruxismo y contorno del rostro

La toxina también se aplica en la parte baja de la cara. Una de las zonas que se tratan son los maseteros, los músculos que cierran la mandíbula y que se marcan en el ángulo de la cara cuando aprietas los dientes.

En quienes tienen bruxismo, es decir, que aprietan o rechinan los dientes de forma sostenida, esos músculos trabajan de más y crecen. Al aplicar toxina en profundidad, el músculo se relaja, disminuye la fuerza con la que aprieta y, con el tiempo, también su volumen. Eso tiene dos efectos: alivia síntomas del bruxismo y afina el tercio inferior del rostro.

Sobre el bruxismo, conviene ser precisa con lo que dice la evidencia. Una revisión sistemática de ensayos clínicos encontró que la toxina puede reducir la actividad del músculo y el dolor, pero los estudios son heterogéneos y todavía faltan seguimientos largos. Por eso, si el motivo principal es el bruxismo, la valoración debe incluir a tu odontólogo: la toxina complementa el manejo de los dientes, no lo reemplaza.

Cuello: las bandas del platisma

El platisma es un músculo delgado que cubre el cuello. Con los años, sus bordes se marcan como bandas verticales, más visibles al tensar el cuello.

La toxina aplicada en esas bandas las relaja y suaviza su aspecto. Aplicada hacia los costados, además, reduce la fuerza con la que el platisma tira del contorno de la mandíbula hacia abajo, lo que ayuda a definir un poco ese contorno. En una revisión de los estudios sobre bandas del platisma, la gran mayoría de los pacientes mejoró a las dos semanas y el efecto se mantenía en buena parte a los tres meses, aunque los estudios incluidos eran pocos y pequeños.

Hay que decir también el límite. La toxina trata el músculo, no la piel que cuelga. Si en tu cuello predomina la flacidez o hay exceso de piel, la toxina sola no lo resuelve y conviene pensar en otras opciones, desde tecnologías para la flacidez hasta la cervicoplastia.

Lo que la toxina no hace

La toxina botulínica trata las arrugas que aparecen con el movimiento. Las que ya están marcadas en reposo, cuando la cara está quieta, mejoran algo pero no desaparecen, porque ya son un pliegue de la piel. Para esas líneas suele hacer falta combinarla con otros tratamientos, como el ácido hialurónico o los bioestimuladores de colágeno.

Tampoco levanta un rostro con flacidez ni devuelve el volumen perdido. Si eso es lo que te preocupa, el plan es otro, y es mejor saberlo antes de aplicar que después.

Preguntas frecuentes

Resuelve aquí las dudas más comunes.

¿Se pueden tratar varias zonas en la misma sesión?

Sí, y en el tercio superior del rostro es lo que suelo recomendar. La frente, el entrecejo y el contorno de los ojos se equilibran entre sí, así que tratarlos juntos da una posición de cejas más armónica.

¿Cuánto dura el efecto?

El efecto empieza a notarse en los primeros días y alcanza su punto máximo hacia el primer mes. En una revisión de ensayos clínicos, el efecto se mantuvo entre cuatro y seis meses, aunque varía según la persona, la zona y la dosis. Con dosis bajas, como en el baby botox, suele durar menos.

¿Me va a quedar la cara congelada?

No debería. La dosis se calcula por músculo para suavizar la arruga y conservar el gesto. Una cara inexpresiva casi siempre es señal de dosis excesivas o mal distribuidas.

¿La toxina botulínica sirve para la flacidez?

No. Relaja músculos; no tensa la piel ni repone volumen. Para la flacidez hay otros tratamientos, que se definen en la valoración.

¿Se puede aplicar en el cuello?

Sí, en las bandas verticales del platisma, con buenos resultados cuando el problema es el músculo. Si lo que predomina es piel suelta, la toxina sola no alcanza.

¿Sirve para el bruxismo?

Puede aliviar sus síntomas al relajar los maseteros, y además afina el contorno de la cara. Conviene que el manejo lo acompañe tu odontólogo, porque la toxina no reemplaza el tratamiento dental.

¿Necesito reposo después de la aplicación?

No requiere incapacidad: es un procedimiento de consultorio y puedes volver a tus actividades. Las indicaciones para las primeras horas se entregan el día de la aplicación.

¿Puedo elegir cómo quedan mis cejas?

En buena medida, sí. Con la aplicación se puede lograr un arco más marcado o más discreto, o una ceja recta. Depende de la fuerza de tu músculo frontal, por eso se evalúa antes de prometer un resultado.

Este artículo tiene fines informativos y no reemplaza una valoración médica presencial. La toxina botulínica es un medicamento y su aplicación es un acto médico; sus riesgos se conversan en la consulta, con tu historia clínica delante. Los resultados varían según cada paciente y nadie puede garantizarlos. La Dra. Eliana Patricia Garcés Granda es cirujana plástica, miembro de la Sociedad Colombiana de Cirugía Plástica (SCCP) y de la Federación Iberolatinoamericana de Cirugía Plástica (FILACP).